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LA GUINDA COMO PRETEXTO, EL MAR COMO SUEÑO: LA HISTORIA DEL PRIMER EQUIPO DE RUGBY FEMENINO JUVENIL DE SAN LUIS QUE VIAJA A LOS EVITA – Por Fabio Miranda
Un grupo de 11 jóvenes provenientes de las más diversas disciplinas se unió en Juana Koslay con un objetivo en común: hacer historia para la provincia, derribar prejuicios y encarar un viaje que les cambiará la vida.

Hay decisiones que transforman realidades y contagian sin pedir permiso. La de Quimey Barrera fue una de ellas. Con el recorrido de quien ya sabe lo que es sudar la camiseta en las pistas de los Juegos Evita y con la cercanía de respirar rugby en casa gracias a su hermano pequeño, Quimey se hizo una pregunta sencilla pero gigante: ¿por qué no nosotros? ¿Por qué no llevar, por primera vez a los Juegos Nacionales Evita, un equipo de rugby femenino a representar a San Luis?

Para lograrlo no hacía falta solo ganas; hacían falta 11 valientes dispuestas a cambiar de superficie, a entender la lógica de un balón que pica para cualquier lado y a abrazar un deporte que durante décadas pareció ajeno. Y la respuesta no tardó en llegar.
En cuestión de días, el mensaje corrió de boca en boca. Se sumaron futbolistas acostumbradas a la gambeta, jugadoras de handball con la precisión en el pase, atletas de pista, exponentes del powerlifting acostumbradas al esfuerzo pesado y amigas que simplemente no pudieron decir que no al contagio de una ilusión. Muchas de ellas jamás habían tocado una guinda. Varias, además, guardan en el pecho una motivación extra que acelera el corazón: la posibilidad real de conocer el mar por primera vez en Mar del Plata.
El cobijo de una familia y de un club con historia

Ninguna hazaña se logra en soledad. Los padres de Quimey, entrenadores en otras disciplinas y con ese bichito del rugby que nunca se apaga del todo, no dudaron un segundo. Se cargaron la logística, el entrenamiento y la contención a la espalda.
Quien les abrió las puertas para este choque de mundos fueron Los Teros Rugby Club, en Juana Koslay. Allí, desde hace un mes, las luces del club iluminan un grupo que no para de crecer. El apoyo fue inmediato: dirigentes, jugadoras y la Unión entera les abrieron la puerta. Inclusive Juan Merino, fundador y referente histórico del club, se calzó los botines para dirigirlas en varias prácticas, enseñándoles con paciencia desde la postura en el pase hasta la lectura del espacio.
En el Seven, la modalidad en la que van a competir, no manda la fuerza bruta sino la velocidad, la astucia para encontrar el hueco y la destreza. Pero por sobre todas las cosas, lo que se respira en cada entrenamiento es la certeza de estar aprendiendo algo más grande que un reglamento deportivo.
Un mensaje para las que vienen detrás
Pase lo que pase cuando suene el silbato en la costa atlántica, la victoria principal ya se logró en San Luis. Estas 11 chicas rompieron el hielo. Se convirtieron en la prueba viviente para cada nena que hoy corre en alguna cancha de la provincia de que no hay deporte «raro», ni espacio prohibido, ni meta demasiado lejana si hay voluntad de empujar juntas.
Allá van. Con la inocencia del debut, la disciplina del atleta y el orgullo intacto de ser pioneras. San Luis tiene a sus representantes, y el deporte puntano, una nueva página dorada escrita por mujeres que se animaron a soñar.



