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Cuánto perdieron los salarios contra la inflación en lo que va del año

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Por la disparada de la inflación, en los primeros 8 meses de este año, descontando la inflación, se estima que los salarios reales cayeron casi el 10% en su poder de compra. Es que con una suba de la inflación promedio entre enero y junio del 24,3%, los salarios aumentaron en torno del 12,5%. Representa una pérdida de 11,8 puntos o del 9,5% en poder adquisitivo. La mayor caída lo sufrió el empleo no registrado, seguido del sector público.

Los asalariados públicos, privados y de casas particulares registrados suman 9,9 millones y otros 4 millones informales. En consecuencia, la caída del poder adquisitivo de los salarios, agravado por el menor empleo, se refleja en el impacto negativo directo en el consumo de los hogares y familias.

El electo presidente de la Corte, ante un desafío clave: actualizar los haberes jubilatorios

Hasta junio, la caída del salario real había sido del 5,9% de acuerdo a los datos del INDEC, porque la inflación sumaba 16% y los salarios poco más de 9%. Luego, tanto en julio como agosto, la inflación se aceleró mientras los salarios subieron menos.

Es que, aunque la mayoría de los convenios se firmaron entre el 18% y 25% anual, esos aumentos se pactaron en dos o tres cuotas no acumulativas, con algún bono por única vez y cláusulas de revisión. Buena parte de esos aumentos salariales se otorgaron con una primera cuota de entre el 8% y 14%, otra cuota durante la segunda mitad del año y la tercera a comienzos de 2019, hasta completar el porcentaje total.

Por las tarifas y el dólar, la inflación fue 3,9% en agosto y lleva 24,3% en el año

En consecuencia, hasta agosto, los salarios efectivos aumentaron en torno a la mitad del acuerdo paritario total. En tanto, la segunda cuota de esos convenios “se quedó corta” porque no recupera lo perdido y se negoció previendo una inflación descendente y la realidad fue la contraria. Agosto registró la mayor inflación del año y en septiembre el deterioro salarial será mayor porque se estima una suba de precios de entre el 5 y 6%, superior en un solo mes al ajuste salarial acordado para los últimos meses de 2018.

A eso se agregan los salarios informales que, según el INDEC, tanto durante mayo como en junio tuvieron retrocesos en términos nominales. Y se espera que esos salarios continúen achatados por la merma de la actividad económica.

Cuánto perdieron los jubilados frente a la inflación en lo que va del año

El último Informe de Trabajo consignó que en junio volvió a caer el empleo registrado, acumulando en los primeros 6 meses 106.600 ocupaciones menos. Sin protección laboral y mayor precarización, los salarios “en negro” o “en gris” son más perjudicados.

De todos modos, la mayoría de las consultoras prevé que 2018 concluya con una inflación en torno del 45%. Y hasta ahora, los convenios que se firmaron con una pauta inflacionaria del 25%, tendrán una caída de 20 puntos o un 13,8% menos de poder de compra.

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No tener un ministerio de Salud tiene sus costos

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En la última década muchos Ministerios de Salud han sido reformados reorientando sus estructuras y funciones para reducir la cantidad de unidades organizativas como las secretarías, subsecretarías y direcciones, que en Argentina se han multiplicado. Sin embargo, ningún país decidió prescindir de tener un ministerio.

Países con alta federalización (Canadá), regionalizaciones (España e Italia) o un avanzado grado de municipalización (Suecia o Brasil), han propiciado la reingeniería de los ministerios, revisando sus competencias y estructuras, pero nunca las han eliminado.

Hace falta preservar la existencia de un Ministerio de Salud a nivel nacional por motivos políticos, económicos, jurídicos y administrativos.

¿Degradación de la salud pública?

a) Políticos: la necesidad de contar con una gobernanza y rectoría para regular, articular y modelar conductas de actores e intereses de un sistema de salud segmentado. Bajar la jerarquía del ministerio puede debilitar esta capacidad. La existencia de una cartera a nivel ministerial con competencia sectorial se justifica por la necesidad de una estrategia para definir prioridades, coordinar, regular y modelar las conductas. La pérdida de la jerarquía contribuye a debilitar y desconocer la necesidad de una instancia superior que dirima conflictos y sirva de interlocutor con los diferentes actores.

Protestas por la recategorización del Ministerio de Salud en Secretaría. Foto: NESTOR GARCIA

Protestas por la recategorización del Ministerio de Salud en Secretaría. Foto: NESTOR GARCIA

b) Económicos: en salud, mercado sin un estado fuerte es mercado negro.

c) Jurídicos: las particularidades sectoriales y de los mercados de medicamentos y tecnologías implican la necesidad de una autoridad con jerarquía superior.

d) Administrativos: incorporar a Salud como una Secretaría dentro de un Ministerio de mayor jerarquía plantea el problema que las organizaciones que poseen una misión con demasiado alcance (Ministerio de Salud y Desarrollo Social) alcanzan poca eficacia en su cumplimiento.

Las reformas sectoriales de los últimos años han respondido a un corte netamente financiero. Para recobrar la solidaridad, universalizar el acceso e integrar el sistema de salud tanto a nivel nacional, provincial como municipal, es necesario contar con un comando central. Esto no significa, limitar las autonomías de las jurisdicciones provinciales, sino por el contrario, la federalización debe hacerse cambiando las funciones del Ministerio de Salud a nivel nacional, antes que bajándole su nivel. La reducción de jerarquía de la cartera de salud puede ser susceptible de las siguientes críticas: la medida no reduce gastos y, si lo hace, es a un alto costo sanitario en la medida que los recursos destinados a las funciones administrativas o de apoyo se mantienen, no se plantearía una reducción significativa de los gastos, ni se reduciría la burocracia.

El Gobierno garantiza la continuidad de "todos los programas" pese a la reducción de ministerios

Estructuras organizativas que reúnen competencias de naturaleza tan diversa como la del Ministerio Salud y Desarrollo Social presentan modelos de gestión burocratizados y con lentitud para la toma de decisiones, concentrando en la cabeza del ministro altos volúmenes de trabajo. El área sanitaria, por sus características, debe dar cuenta de las emergencias, lo que implica rapidez y muchas veces autorizaciones de montos de dinero que superan a los autorizados por la Ley de Administración Financiera para los secretarios.

Sería un error justificar la eliminación del Ministerio de Salud de Nación, por considerar debilidades, errores y ausencia de políticas sustantivas de salud de los últimos años.

El fortalecimiento de las funciones de regulación, la evaluación de tecnologías sanitarias, la investigación sobre nuevas fuentes de financiamientos y evaluación del impacto del gasto en cada jurisdicción; el desarrollo de incentivos a la productividad y calidad en salud, serían algunos de los roles que el área de Salud del Gobierno nacional debería fortalecer.

Sebastián Tobar es sociólogo, UBA. Magister en salud pública con orientación en políticas públicas y salud (ENSP/FIOCRUZ)

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