Mientras el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, atribuyó los devastadores incendios forestales al manejo de los bosques por parte de Canadá e incluso amenazó con tomar represalias, un estudio internacional concluyó que el cambio climático provocado por la actividad humana duplicó la probabilidad de que se produjeran las condiciones extremas que favorecieron la propagación del fuego. Los investigadores señalaron que el aumento de las temperaturas y la sequía, impulsados por décadas de emisiones de combustibles fósiles, explican gran parte de la magnitud de la emergencia.
Una investigación difundida por World Weather Attribution, un consorcio internacional de especialistas en clima y fenómenos extremos, determinó que las condiciones meteorológicas que favorecieron los incendios en los Territorios del Noroeste y el noroeste de Ontario fueron aproximadamente el doble de probables debido al calentamiento global.

El trabajo, elaborado con técnicas de atribución climática y aún pendiente de revisión por pares, comparó el escenario actual con uno previo a la era industrial, antes de que la quema masiva de combustibles fósiles elevara la temperatura promedio del planeta en 1,4 °C.
Los investigadores analizaron variables como las altas temperaturas, la escasez de lluvias, la baja humedad y el viento, factores que integran el índice canadiense de riesgo de incendios forestales. Según el informe, un episodio meteorológico como el registrado en Ontario ahora puede repetirse, en promedio, cada seis años.
«En un clima preindustrial esto habría sido mucho menos probable que ocurriera, quizá una vez en toda una vida. Así que el cambio climático ha hecho que esos eventos sean más probables», explicó Jonathan Boucher, científico del Servicio Forestal de Canadá y uno de los autores del estudio.
El papel del calentamiento global
Los especialistas coincidieron en que el incremento de la temperatura y la reducción de la humedad generan un escenario mucho más favorable para la propagación de incendios de gran magnitud.
Mike Flannigan, investigador de la Universidad Thompson Rivers, resumió esa situación con una frase contundente: «La Madre Naturaleza ha estado ardiendo. Ahora está bajo los efectos de las anfetaminas y arde cada vez más».
El humo provocado por los incendios deterioró la calidad del aire en numerosas ciudades de Canadá y Estados Unidos, incluidas grandes áreas urbanas como Nueva York.
En los incendios registrados en los Territorios del Noroeste, donde ardieron más de 12.950 kilómetros cuadrados, los investigadores indicaron que la chispa inicial fue provocada por rayos. Sin embargo, remarcaron que fueron las condiciones climáticas extremas las que permitieron que el fuego creciera rápidamente y escapara a cualquier intento de control.
Aunque cerca de la mitad de los incendios forestales canadienses tienen origen humano, los iniciados por descargas eléctricas representan más del 90% de la superficie quemada en el país. «A lo que nos enfrentamos aquí es más a un problema relacionado con el clima que a un problema de gestión forestal», afirmó Boucher.
Las críticas de Trump y la respuesta de los científicos
En las últimas semanas, Trump responsabilizó al gobierno canadiense por la magnitud de los incendios y por el humo que afectó a distintos estados norteamericanos.
«Se ha hecho mucho daño. No están gestionando sus bosques adecuadamente«, declaró el mandatario el 21 de julio, al sostener que una mejor administración forestal habría evitado la crisis. Además, anticipó que ya decidió una medida para responder a la situación y aseguró que se conocerá «pronto».
Las afirmaciones fueron cuestionadas por especialistas en clima y manejo del fuego, quienes sostuvieron que el Presidente estadounidense omite el papel central que desempeñan las emisiones de gases de efecto invernadero.
«El humo no lleva pasaporte, pero la contaminación por carbono sí tiene una historia. Esa historia muestra que Estados Unidos contribuyó más que cualquier otro país», señaló Andrew Weaver, científico climático de la Universidad de Victoria.
Por su parte, la climatóloga Friederike Otto, también integrante del estudio, sostuvo: «Si te importa alguien más que los ultrarricos, tienes que dejar de quemar combustibles fósiles porque los impactos ya están aquí, ocurren ahora y tienen enormes consecuencias».
Por qué resulta tan difícil controlar los incendios en Canadá
Los investigadores también explicaron que buena parte de los bosques canadienses se ubican en regiones remotas del norte del país, cubiertas por extensas áreas de abetos y pinos altamente inflamables.
Esa combinación hace que los incendios se propaguen con enorme velocidad y dificulta una respuesta temprana de los equipos de emergencia en su labir por apagarlos.
«En Canadá, cuando las cosas son extremas, cuentas con unos 30 minutos para apagar ese incendio. Si no llegas en 30 minutos, no tienes suerte», explicó Flannigan, quien remarcó que muchos focos se originan en lugares alejados de cualquier aeropuerto o base operativa.
El estudio concluyó que, si bien la gestión forestal puede influir en determinadas circunstancias, el aumento sostenido de las temperaturas y las condiciones cada vez más secas aparecen como los principales factores detrás de la creciente intensidad y frecuencia de los incendios forestales en Canadá.



