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Se fugó y recién se dieron cuenta cuando su madre lo vio caminando en el pueblo

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Un preso de 24 años, acusado de matar a una jubilada y de violar a otra, se escapó de su celda en la comisaría de Eduardo Castex, en La Pampa. Pero lo curioso es que fue su propia madre, que lo vio en el centro del pueblo, quien avisó a la Policía.

Después de una búsqueda de más de 12 horas, el prófugo fue capturado: lo hallaron durmiendo en una cosechadora, en un campo a 25 kilómetros de Eduardo Castex, un pueblo ubicado 80 kilómetros al norte de Santa Rosa.

El preso recapturado es Luciano Domínguez. Está detenido por el crimen de Josefa Moreno (85) en un supuesto intento de robo, ocurrido el 31 de marzo. También en ese hecho fue violada otra mujer de 65 años, sobrina de la anciana asesinada.

Ana María "Pocha" Marton (69), la jubilada atacada brutalmente en Eduardo Castex, La Pampa.

Ana María “Pocha” Marton (69), la jubilada atacada brutalmente en Eduardo Castex, La Pampa.

Aunque inicialmente fue arrestado Brian Luna (25), un día después capturaron a Domínguez. Ambos estaban alojados en un hospedaje, ubicado en la parte de atrás de la casa donde ocurrió el ataque a las mujeres.

El viernes a la noche se produjo la fuga de Domínguez. Fue por un ventiluz de una celda, que tiene un patio interior.

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Pero su hermana, Antonella Domínguez reveló en las redes sociales lo más insólito del caso: que fue su madre quien dio aviso a la Policia de la fuga.

Mi mamá vio a mi hermano en las calles del centro local anoche cerca de las 21 horas. Y ella dio aviso a la comisaría!!! No estaban enterados que faltaba! No nos callamos más!!”, publicó la joven en su Facebook.

La casa donde ocurrió el brutal ataque contra dos jubiladas en Eduardo Castex, La Pampa.

La casa donde ocurrió el brutal ataque contra dos jubiladas en Eduardo Castex, La Pampa.

Además expresó su queja por la detención de su hermano. “Está detenido para ser investigado porque encontraron una media con sangre en su habitación del hospedaje! No sabemos de quién m… es esa media y esa sangre y todavía no está el ADN de esa supuesta media (porque no la vimos nunca!)“, escribió la hermana.

Solo por eso lo tienen detenido, lo golpean y solo lo puede ver mi mamá los lunes!“, agregó.

La protesta de los vecinos de Eduardo Castex, La Pampa, tras el brutal ataque contra dos jubiladas.

La protesta de los vecinos de Eduardo Castex, La Pampa, tras el brutal ataque contra dos jubiladas.

La detención de Luciano Domínguez se produjo el sábado. Los perros rastreadores llegaron al campo (a donde llegó caminando) en el que se había escondido.

EMJ

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Fábrica cerró sus puertas dejando a 240 empleados en la calle

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Utilizan las instalaciones para hacer #Trueques y así poder sobrevivir

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La historia del falso mara que engañó a (casi) todos

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Armando Ortega Vera bajó del camión de traslados como cualquiera de los que iban a ingresar a la Unidad 1 de Ezeiza: estaba callado, triste, algo asustado. Por el tipo de delito que le imputaron al detenerlo, era uno más de la fila. Puede que hasta estuviera nervioso por la posible bienvenida de los penitenciarios, un ritual de golpes para dejar bien en claro quién manda en la cárcel. No era su primera vez en el penal. Un año antes había pasado dos meses por un robo. Antes de eso había estado en la cárcel de Devoto, por otro asalto. Ahora había caído por “falsificación de documentación automotor” y “tenencia simple de estupefacientes”.

Ese 20 de marzo de 2015 Ortega Vera dejaría de ser un preso más cuando le dieron la orden de quitarse la ropa para la requisa. Allí, en el sector de Judiciales, luego de que lo ficharan, se quedó en cuero. Y los ojos de los penitenciarios se clavaron en sus tatuajes. No eran los típicos tumberos “Madre”, “Padre”, los cinco puntos, la serpiente enroscada a la espada o las figuras de San Jorge o el Gauchito Gil. En su panza tenía un 18 en números romanos, el número con el que se identifican los jóvenes del Barrio 18, una de las pandillas más numerosa de Centroamérica.

El tatuaje en números romano fue el que lo vinculó a las maras. Se lo había hecho en una cárcel de Estados Unidos.

El tatuaje en números romano fue el que lo vinculó a las maras. Se lo había hecho en una cárcel de Estados Unidos.

Dos meses después, las fotos llegaron a los medios de comunicación. Durante días las noticias no hablaron de otra cosa. Como Ortega Vera había ingresado con documentación mexicana se informó que acababan de detener “al primer integrante de una mara en Buenos Aires” y que las autoridades buscaban saber si el mexicano era el único pandillero que emigró a la Argentina o solo el primero de una serie por venir. “¿Es para preocuparse?”, preguntó un columnista de un noticiero. “Sí, claro”, respondió él mismo.

Con el tiempo, cuando el caso dejó de ser noticia, la verdad saldría a la luz. Pero casi nadie lo supo: Ortega Vera no era marero, ni mexicano, ni el primero de una célula de una pandilla que podría instalarse en Argentina. Era colombiano y se dedicaba a los robos. Ni siquiera usaba armas para robar. Su nombre verdadero aún sigue siendo un misterio.

La historia dice que el colombiano nació en Bogotá y que en su adolescencia viajó a México con su familia. En DF robó bajo la misma modalidad que lo terminaría haciendo en Buenos Aires: rompiendo los vidrios de los autos de víctimas que habían marcado a la salida de los bancos. Se movía con documentación apócrifa.

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Más adelante, como todo ladrón colombiano internacional, apuntó y llegó a la meca del rubro: Estados Unidos. Allí sería detenido, siempre por robo. Y en la cárcel, ni bien ingresó, como todos los presos latinos, tuvo que decidir con quién quedarse: si con los grupos de la Mara Salvatrucha o con los del Barrio 18. Se quedó con los últimos. Solo por una cuestión de convivencia se hizo el típico tatuaje de la pandilla. El mismo que terminaría sorprendiendo a los penitenciarios y le daría fuerza incluso a una teoría mucho más compleja: que Ortega Vera tenía relación con el Cartel de Sinaloa, una de las organizaciones narco más grandes del mundo.

Según pudo saber Clarín, la carrera delictiva del falso mara fue por carriles muy distintos. Cuando salió de la cárcel norteamericana, Ortega Vera (al menos esa fue la última identidad que utilizó) viajó a Buenos Aires. Y no volvió a tener más contacto con mareros. Nunca hizo negocios con ellos. Todo lo contrario: se sumó a una banda de salideras bancarias que actuaba en la city porteña.

“El día que los noticieros dijeron que era marero nos morimos de la risa”, recuerda un compatriota que lo conoce. A él y a los suyos no los pudo engañar.

Pero los penitenciarios tenían de qué sospechar. El supuesto mexicano no respondió preguntas sobre su vinculación a la pandilla. Donde habló fue en el pabellón. Como los medios difundieron su fama de integrante de uno de los grupos más violentos de Centroamérica, se hizo cargo ante los presos. Con un único objetivo: que le temieran y que nadie lo molestara.

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Sus antecedentes penales son los típicos de los colombianos que delinquen en Buenos Aires. El mediodía del 2 de junio de 2014 había sido detenido en Montes de Oca y Quinquela Martín. Junto a un cómplice le quitaron la mochila a un hombre al que venían siguiendo, y que denunció el robo de una computadora y un módem portátil. Escaparon en dos motos, pero en la fuga chocaron contra un auto y fueron detenidos. En un juicio abreviado fue condenado a un año y seis meses. Pero saldría a los dos meses.

La causa que todavía lo mantiene preso se inició el mediodía del 19 de marzo de 2015. Según el expediente, el falso mara conducía un vehículo marca Audi, modelo A1, por la zona de Congreso, cuando una División de la Policía Federal intentó identificarlo. El colombiano, que llevaba los papeles que lo presentaban como mexicano, comprados en DF, habría intentado darse a la fuga. Llegó hasta la esquina de Entre Ríos e Hipólito Yrigoyen, donde le cortaron el paso. Le encontraron 0,69 gramos de marihuana y 48, 26 de cocaína. El auto había sido denunciado como robado en diciembre de 2014, en una comisaría de Pilar. Y llevaba otra patente.

“El coche me lo han quitado en Mar del Plata hace dos meses por temas del seguro”, declaró. “Yo llamé a la persona que me está alquilando el coche, me hizo una tarjeta verde y un papel para poder volver a retirarlo. Ahora ese conflicto que el coche es robado me ha dejado sin palabras. De hecho una vez me lo quitaron por alcoholemia y también me lo devolvieron. De la droga, yo fumo faso. De la coca no puedo decir nada porque no consumo, no sé por qué estaba ahí. Tengo papeles que muestran que pago renta por el coche”, agregó.

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En un domicilio de la calle Sánchez de Bustamante le encontraron pasaportes colombianos y los guantes y punzones que utilizan las bandas de su nacionalidad que se dedican a las salideras bancarias y rompen los vidrios de los autos de las víctimas.

Los coches alquilados también son característicos de las organizaciones de ladrones extranjeros. En esos tiempos el argentino que se los alquilaba se los entregaba sin avisarles que habían sido denunciados como robados, luego de que la agencia le dejara de pagar a los dueños. En noviembre de 2016 el titular de la agencia “Gallery”, que funcionaba en Pilar, sería condenado a cinco años por estafas.

Esa es la versión judicial que figura en el expediente en el que el falso mara fue declarado culpable por el delito de encubrimiento y sobreseído por la tenencia de droga. Pero en el mundo de los colombianos que delinquen en Buenos Aires cuentan otra cosa. Aseguran que el supuesto mara era el líder de una banda y que una Brigada de la Policía Federal lo vivía extorsionando. Cuando lo cruzaban entrando o saliendo del hotel en el que vivía, o por las calles de la zona de Congreso, le sacaban relojes, cadenas de oro, celulares o lo que llevara encima.

Ese hábito fue bautizado como “la corta”. De los dos lados. Cuando los policías veían a los colombianos caminando, sin hacer nada malo, les decían “vamos a la corta”. Para no armarles una causa, le exigían dinero y objetos de valor. Cuando los asaltantes sabían que necesitaban protección, proponían ellos el arreglo.

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Al igual que sus compañeros, cada vez que salía de su casa, el falso mara escondía las llaves en algún cantero o en un árbol por el miedo a que los policías lo desvalijaran. También entregaba dinero para poder robar en el Microcentro. Durante varios meses habría abonado una suma fija, semanal o quincenal. Hasta que se cansó y no quiso pagarles más. “Es que de un momento a otro pasó de ser una vacuna (en la jerga colombiana, colaboración) a una extorsión constante. Y uno es bandido, no roba para ellos. Roba para su familia”, explica otro colombiano.

En la reunión en la que se habría negado a seguir pagando, los policías le habrían mostrado un celular que le pertenecía. Se lo habían quitado días antes. Allí le mostraron una foto en la que aparecía con sus compañeros, apoyados sobre una mesa llena de fajos de con miles de dólares. Sería la última extorsión. Y terminó con una advertencia: “¿No querés pagar más? Listo, está todo bien. Pero vos sabés cómo es esto…”.

Al falso mara le recomendaron irse del país. Seguir con su carrera delictiva en Brasil, en Chile, en Perú, volver a México. “Es que acá me va muy bien”, era su respuesta. Y siguió. Con el objetivo de comprar más taxis en Bogotá, un negocio que ya le generaba una buena renta mensual. La consecuencia de negarse a seguir pagándoles fue la detención. Por eso escapó ni bien vio al móvil de Brigada siguiéndolo. Sabía lo que se le podía venir. Para la Justicia, huyó porque sabía que conducía un auto que había sido denunciado como robado. Pero las versiones de la calle nunca llegan al Palacio de Tribunales. A los medios de comunicación, tampoco. O sí. 

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Los nuevos “cuentos del tío”: cómo se reinventa un delito que crece en la Provincia

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– Escuchame, ¿no te llegó una carta del banco hoy?

– No.

– ¿No estás enterada de nada entonces?

– ¿Qué pasó?

– Hoy dejan de circular todos los pesos. Salió un billete nuevo, ahora se llaman Argentinos.

– Ah, no sabía.

– Si, hay que hacer una reserva porque si no tenés una reserva perdés hasta un 30% el valor a partir de mañana.

– No sabía, no me llegó ninguna carta del banco.

– Ellos me dijeron que te enviaron pero seguramente está extraviada. Escuchame, yo estoy acá en el banco. Lo mío ya lo hice.

– Bueno, mañana voy.

– ¿Qué tenés vos de pesos en casa así te hago la reserva?

– $ 10 mil, tengo que ir con el recibo de jubilación el 23.

– Pero ahora ¿cuánto tenés en casa?

– $ 26 mil nada más.

– Bueno, escuchame porque hay otro problema también con los dólares…

La conversación llevaba 1.32 minuto y una jubilada de Morón estaba cerca de caer en el engaño. Le dicen “cuento del tío”, también “verso de los dólares”. Son de día, en horario bancario.

Es algo así como el segundo turno después de una noche de compulsivos secuestros virtuales, otra estafa de las más conocidas. En esos casos, el protagonista del llamado llora de forma desesperada, se hace pasar por un familiar de la persona que atiende el teléfono y le dice que fue capturado por una banda. Si la víctima cae en la trampa, sólo resta pactar el pago del falso rescate.  

Casos como este se repiten entre las 12.971 estafas denunciadas en la Provincia de Buenos Aires durante 2018, con un promedio de 35 por día. Ese número representa un 55% más que las de 2017, y un crecimiento del 65% si se lo compara con 2016, según datos oficiales del Ministerio Público Fiscal.

Los departamentos judiciales en los que más crecieron estas investigaciones fueron Moreno (292%), Morón (87,5%), San Martín (82%), Mercedes (81,5%) y La Plata (75,2%).

Crecen las estafas en Buenos Aires

Tocá para explorar los datos.


» Variación porcentual 2017 – 2018


Fuente: MINISTERIO PÚBLICO FISCAL Infografía: Clarín

Para el procurador general de la Provincia de Buenos Aires, Julio Conte Grand, el incremento “se relaciona con los ajustes en la medición” por la implementación del Sistema de Información Delictual (SID) que calcula las causas iniciadas. “Recién vamos a poder homogeneizar cuando tengamos los datos de 2019”, anticipó.

En los primeros meses de este año la tendencia parece seguir en aumento. Este 22 de abril una mujer de 84 años fue víctima de una estafa en Burzaco y entregó 60 mil pesos arrojando un bolso desde el balcón. La escena quedó filmada por las cámaras de seguridad. La víctima, llamada Angela, recibió un llamado a las 15 de una mujer que dijo ser su nieta y le reclamó dinero para una operación bancaria.

Según la estadísticas oficiales, Moreno y General Rodríguez fueron los distritos en los que más crecieron las investigaciones por estafas en 2018. De 68 el año anterior pasaron a 267.

En los tribunales de Moreno reconocen el incremento y lo vinculan a causas relacionadas con la toma de tierras.

Al tratarse de zonas rurales o con muchos predios y con problemas habitacionales, una de las estafas más comunes está vinculada a la compra de terrenos usurpados. “La persona que ocupa las tierras las subdivide y las comercializa como si fueran propias, con papeles falsos. Por falta de conocimiento o por caer en ese engaño, las personas la pagan y cuando llega la orden de desalojo del titular real se inicia la denuncia”, explicaron a Clarín.

Algo parecido advirtieron en La Matanza, donde las causas por estafas se incrementaron 72,4%. En Laferrere muchos de los expedientes iniciados en las fiscalías son por la venta de tierras tomadas. Hubo 593 causas el año pasado, dos cada tres días.

Pero en San justo aparece una modalidad más urbana: “los pescadores”. Se los denomina así porque porque los estafadores están a la pesca de algún desprevenido y también porque usan un anzuelo.

Hace unos meses cayó una banda de cuatro. Los corrieron en plena zona bancaria, a unos metros de la comisaría de Lomas del Millón.

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La modalidad necesita astucia y técnica. “Traban las ranuras de los cajeros automáticos con el filo de una tijera o con algún elemento y el que va a hacer la transacción se encuentra con que le retuvo su tarjeta. Ahí mismo hay alguien de la banda que les presta el celular o hasta pegan carteles donde indican un número para denunciar cualquier problema”, explicaron en La Matanza.

Muchas víctimas se comunican y entregan los datos. “Está bloqueado, en la semana recibirá el nuevo plástico”, les mienten. Mientras el usuario se va tranquilo a su casa, ellos usan todo el dinero disponible en la cuenta.

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Las bandas suelen moverse largas horas por el mismo lugar. El secreto de su éxito está en la cantidad de intentos. Un mediodía de diciembre una banda quiso engañar a un vecino que se dio cuenta de la maniobra y logró evadirlos. Cuando cambió de cajero para probar suerte en otra sucursal, encontró al mismo hombre intentando captar a otra víctima. Fue ahí que alertó a la Policía y lograron detenerlos.

En Morón, donde las causas sobre estafas crecieron 87,5% (hubo 1.052 en 2018), también desbarataron una banda liderada por miembros de una comunidad gitana.

La investigación la llevó adelante la Fiscalía N° 2 y la DDI de Morón. Fueron varios meses de escuchas que terminó con la detención de cuatro sospechosos. Según surge del expediente judicial, hacían entre “30 y 50 llamadas por jornada, a distintos abonados de teléfonos fijos en Gran Buenos Aires y Ciudad de Buenos Aires”.

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Los investigadores intervinieron nueve líneas de teléfono durante tres meses y constataron alrededor de 2.000 intentos de “cuento del tío” en los que los delincuentes intentaban convencer a sus víctimas de que debían entregarles dinero a supuestos empleados bancarios. También realizaban secuestros virtuales. 

Tanta es la magnitud de estos hechos que el Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires realizó capacitaciones para “unos 10 mil adultos mayores”. Allí recomiendan ser reservado de los datos personales, no pedir ayuda ni permitir el acceso a extraños a su domicilio, ir al banco acompañado, ante la duda cortar el teléfono o llamar al 911. Y usar un celular u otra línea para asegurase de que el familiar esté a salvo. 

Según informaron, en los últimos cuatro años detuvieron a al menos 12 bandas que se dedicaban a este tipo de delitos. “Muchos son liberados rápidamente porque no les pueden demostrar la estafa”, se quejan. 

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En La Plata, donde también hubo un incremento de casos de secuestros virtuales y estafas iniciadas por teléfono, aparece otra modalidad. 

“Tenemos muchas causas sobre casos de estafas en estratos menores de la administración pública. En todos los casos son expedientes de fraudes contra el Estado. Eso se incrementó mucho por una actuación pro activa de los fiscales por el respaldo de la Procuración. También hay muchos caos iniciados por ARBA, en estafas con retenciones indebidas”, dijo el fiscal platense Juan Cruz Condomí Alcorta.

Colaboró: Fabián Debesa. 

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