Tras una agonía política que se extendió por más de 100 días, Manuel Adorni presentó su renuncia formal a la Jefatura de Gabinete de la Nación este sábado. La dimisión se produjo en un contexto de extrema fragilidad para el funcionario, quien se encontraba acorralado por investigaciones judiciales de enriquecimiento ilícito y una creciente presión en el Congreso por parte de la oposición. A pesar de los intentos iniciales de Javier y Karina Milei por protegerlo desde el mes de marzo, el desgaste resultó irreversible ante las constantes filtraciones sobre sus manejos de fondos.



El detonante administrativo de su caída comenzó con revelaciones periodísticas sobre el uso del avión presidencial para trasladar a su esposa, Betina Angeletti, a Nueva York durante la «Argentina Week 2026», además de un polémico viaje familiar a Punta del Este en una aeronave privada. Estas situaciones derivaron en una causa judicial liderada por el fiscal Gerardo Pollicita, donde el «goteo» de información resultaba incesante e impredecible para la Casa Rosada. En su carta de despedida, Adorni intentó defender su honor alegando que fue tratado de «delincuente» sin que se probara un solo hecho de corrupción, mientras agradecía la confianza del Presidente a través de sus redes sociales.

La sucesión ya está en marcha. El nombre que suena con más fuerza para ocupar la «silla caliente» de la Jefatura de Gabinete es el de Diego Santilli, actual titular de Interior, aunque su entorno sugiere que preferiría evitar un cargo de tal exposición mediática. Como alternativa, también se baraja al canciller Pablo Quirno, un hombre del riñón de los Caputo y con excelente vínculo con Karina Milei. Mientras tanto, el futuro de Adorni es incierto; existen rumores sobre un posible refugio en YPF, donde contaría con recursos para afrontar su defensa judicial, de lo contrario, quedaría definitivamente entregado a su suerte legal

