El técnico argentino se mostró sumamente molesto y respondió con dureza al ser cuestionado por su relación con los medios de comunicación en la conferencia

La tensión se hizo presente tras la igualdad entre Uruguay y Arabia Saudita. Al percibir que se ponía en tela de juicio su actitud, Marcelo Bielsa reaccionó de manera atípica frente a los micrófonos. “No soy un modelo. No tengo que dar ninguna explicación”, sentenció con firmeza, luego de ser consultado por evitar la mirada a la cámara en la foto oficial de la FIFA y por no mirar a los ojos a los cronistas durante las preguntas.
El entrenador argentino contestó brevemente sobre el partido, pero de inmediato le solicitó al traductor un espacio para volver al cruce anterior y profundizar su descargo. “Estaba enfrentando a los fotógrafos y esa fue la foto que obtuvieron de mí —esgrimió—. No tengo por qué explicar por qué no miro a los interlocutores. Creo que hay un límite de lo que hay que explicar. Si usa lentes, porque usa lentes. Si mira para arriba o para abajo… ¿Tanto hay que explicar? Se buscan explicaciones en situaciones… en cosas que no la merecen. No hay nada de malo. No tenemos obligación de actuar como modelos para respetar pretensiones que no tienen fundamentos. No hice nada malo«, se defendió.
La autocrítica de Marcelo Bielsa tras el empate de Uruguay
Cuando le preguntaron por los factores que privaron a Uruguay del triunfo, el entrenador evitó las excusas y ofreció una mirada autocrítica: “Que no hayamos ganado, en el caso del partido de hoy, me parece que, sin desmerecer las cualidades de nuestros rivales, está más ligado con que no conseguimos la versión de la que somos capaces. Ahí está la diferencia. Hay un camino fácil para decir: ‘sí, merecimos ganar. En el segundo tiempo erramos diez goles’. Pero en el primero concedimos 45 minutos para hacer lo mismo. Los partidos se analizan completos”.
Al repasar lo sucedido en la primera mitad del encuentro, Bielsa no ocultó su fastidio y lanzó duras críticas hacia el rendimiento de sus dirigidos. Según su análisis, el equipo estuvo lejos del nivel esperado, lo que terminó agrandando a su oponente con el correr de los minutos. “Estuvo apagado, sin dinámica, sin presión, sin provocar errores y sin profundidad. Se fue dando que no establecíamos diferencia y el rival creyó que podía y finalmente pudo”, sentenció.
En esa misma línea, el director técnico explicó cómo la falta de efectividad propia alimentó la confianza del rival y advirtió sobre las desatenciones en el juego aéreo que costaron caro. “Cuando un equipo que presuntamente tiene que marcar diferencias no lo consigue, ni en el dominio o en la peligrosidad del trámite, el equipo más débil termina atreviéndose. Finalmente fueron tres situaciones de pelota detenida, que por supuesto son parte importantísima del juego, y no las resolvimos bien”, concluyó.

