El Gobierno de Venezuela formalizó la decisión política y financiera de dar continuidad al proceso de reestructuración de su deuda externa soberana, desestimando de esta manera una interrupción en las agendas de negociación con los acreedores privados internacionales como consecuencia de la catástrofe humanitaria y material derivada del doble terremoto registrado el pasado 24 de junio. El vicepresidente sectorial de Economía de la administración de Caracas, Calixto Ortega, ratificó que el programa de ordenamiento financiero seguirá en curso, aunque se aplicarán correcciones técnicas para incorporar las estimaciones de los costos de reconstrucción de las zonas afectadas dentro de las proyecciones macroeconómicas y los esquemas de pago a mediano plazo. El pronunciamiento de las autoridades del sector económico se concreta casi veinte días después de los movimientos telúricos de magnitudes 7,2 y 7,5 que sacudieron la región costera del estado La Guaira y amplias áreas de la capital del país. El último balance oficial provisto por las agencias estatales y de defensa civil detalla el profundo impacto de la emergencia sísmica: Pérdidas humanas: El registro oficial consolida un total de 4.561 fallecidos confirmados y mantiene bajo asistencia sanitaria a 16.740 personas con heridas de diversa gravedad. Emergencia habitacional: Se contabilizan formalmente 17.907 ciudadanos damnificados que han quedado sin hogar debido a las destrucciones de viviendas o al derrumbe de las estructuras edilicias multifamiliares. Sector petrolero sin afectaciones: Por su parte, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, aseguró ante la prensa internacional que la actividad de producción petrolera no ha registrado daños ni mermas operativas en sus centros de extracción, sosteniéndose el volumen de producción diaria en 1,203 millones de barriles de crudo. Un complejo escenario financiero con los acreedores La decisión de sostener el plan de canje y ordenamiento de las obligaciones venezolanas se inscribe en un marco técnico sumamente complejo. Diversas estimaciones de consultoras y organizaciones privadas, tales como Transparencia Venezuela, sitúan la deuda externa global de la nación caribeña por encima de los 170.000 millones de dólares, mientras que reportes de prensa financiera internacional sugieren que los pasivos reales e impagos consolidados de bonos de la República y de la estatal PDVSA podrían ascender a una cifra cercana a los 240.000 millones de dólares. La presencia de cláusulas diferenciadas en los títulos de deuda emitidos —varios de ellos con litigios activos en tribunales de los Estados Unidos y otros garantizados por activos estratégicos de la filial refinadora Citgo— representa una de las principales trabas que las misiones diplomáticas de Caracas intentan resolver en sus mesas de negociación. El gabinete económico argumentó que los costos extraordinarios de infraestructura y el retiro de escombros de las zonas de desastre declaradas obligan a reformular las capacidades efectivas de pago de la tesorería pública, por lo que la reestructuración se presenta como la única vía técnica factible para normalizar las relaciones internacionales del Estado sin descuidar las erogaciones de emergencia social requeridas para atender la catástrofe interna.

