El aberrante ataque coordinado contra personas trans y travestis en los bosques de Palermo, que fue difundido y celebrado por redes sociales, abrió un profundo debate sobre el impacto de los discursos de odio y la legitimación de la violencia en la sociedad. En ese sentido, Nicolás Papalía, abogado y psicólogo especializado en géneros y violencia, brindó una entrevista en el programa En Son de Paz para analizar el fenómeno.
Violencia masculinizante y crímenes de género
Papalía calificó lo ocurrido en Palermo como un claro crimen de género, no solo por la vulnerabilidad del colectivo agredido, sino por la modalidad adoptada por los agresores. «Es un grupo de varones que se organizaron para agredir, para filmar y a su vez para transmitir en las redes sociales este crimen», manifestó y explicó que él denomina este hecho como «violencia masculinizante», que reproducen los varones frente a otros sujetos feminizados para obtener el reconocimiento de sus pares.
Asimismo, el especialista advirtió que estos hechos de extrema crueldad encuentran un terreno fértil cuando existe un clima político e institucional que relativiza o convalida las expresiones de odio y discriminación hacia determinados sectores.

Nicolás Papalía, autor del libro «La rebelión de los mandriles. El impacto de la violencia en la sociedad contemporánea».
El corrimiento de la legalidad y los discursos oficiales
Al preguntarle el periodista Francisco Paz sobre el impacto del clima social en la conducta ciudadana, el especialista señaló que se asiste a un preocupante corrimiento de los límites éticos y normativos que regulan la convivencia democrática.
“Hoy asistimos a situaciones que realmente hubieran sido impensadas, pero que hoy son posibles gracias a esos discursos de odio, de violencia, de discriminación», advirtió Papalía. La reproducción de este tipo de mensajes, pensado desde una construcción política, permite que se habiliten hechos de violencia.
En este sentido, vinculó la proliferación de estas agresiones con la construcción discursiva de un «otro» inferiorizado o subordinado, alertando sobre la naturalización de prácticas que retrotraen a esquemas de extrema hostilidad social.
Deconstruir los mandatos tradicionales de masculinidad
Finalmente, el psicólogo hizo hincapié en la necesidad de interpelar las formas tradicionales en que se educa a los varones y la asociación histórica entre masculinidad y ejercicio de la violencia.
“Cómo se nos enseña a los varones a ser varones y ese vínculo estrecho con la violencia. Hay un nodo central que tiene que ver con esto: desde muy chico se nos dice que la violencia es una herramienta que tenemos habilitada para relacionarnos con el otro. Eso es lo que nosotros tenemos que desarmar”, reflexionó.
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