
La Confederación Asiática de Fútbol (AFC) se sumó al frente de rechazo que ya habían abierto UEFA y Concacaf contra el proyecto de FIFA para introducir inversión privada en sus principales competencias. La decisión representa un nuevo golpe político para Gianni Infantino, en medio de una escalada de cuestionamientos por la gobernanza del organismo y por el futuro comercial del Mundial.
La AFC expresó que se solidariza con UEFA y Concacaf por la “profunda preocupación” que genera la propuesta de FIFA. El planteo apunta al proyecto conocido como FIFA Forward Enterprise, una iniciativa que busca habilitar la venta de participaciones comerciales vinculadas a la Copa del Mundo y otros torneos del organismo a inversores privados.
El rechazo asiático no incluyó, por ahora, una amenaza formal de boicot como la que planteó UEFA. Sin embargo, el comunicado elevó el tono de la crisis al advertir que el solo hecho de que la posibilidad de un boicot al Mundial se haya convertido en tema de debate público debería preocupar a todos los actores del fútbol.
La AFC cuestionó el proceso de decisión de FIFA
La Confederación Asiática no solo rechazó el contenido de la propuesta, sino también la forma en que FIFA avanzó con el proyecto. En su comunicado, sostuvo que el caso expuso deficiencias fundamentales en los procesos de consulta y toma de decisiones del organismo.
La AFC afirmó que las principales preocupaciones sobre gobernanza, proceso institucional y consulta efectiva siguen sin respuesta. Por eso, instó a FIFA a realizar una revisión urgente de su marco de gobernanza y de sus mecanismos de decisión.
El planteo va más allá de una diferencia puntual sobre un modelo de negocios. La crítica apunta a cómo se define el futuro comercial de las competencias más importantes del fútbol mundial y a qué nivel de participación tienen las confederaciones y federaciones nacionales en esas decisiones.
La posición asiática se suma a la de UEFA, que rechazó de manera tajante la posibilidad de que la Copa del Mundo sea tratada como un producto de inversión. Concacaf también se pronunció contra el plan y pidió que cualquier discusión futura avance por los canales institucionales correspondientes.
El proyecto de Infantino que generó la crisis
La propuesta de FIFA contempla abrir una parte del negocio comercial de sus principales torneos a inversores privados. Según la información difundida, el plan permitiría que hasta un 20% de esas operaciones quede en manos de capital privado, con una valorización estimada de u$s20.000 millones.
El proyecto busca crear una estructura específica para canalizar esa inversión. En ese esquema aparece FIFA Forward Enterprise, una plataforma que permitiría captar fondos privados a cambio de participación en los negocios comerciales de las competencias.
Uno de los puntos que generó mayor ruido fue la identidad del “inversor ancla” mencionado en torno a la iniciativa: una empresa creada por Joshua Kushner, hermano de Jared Kushner, yerno del presidente estadounidense Donald Trump.
El dato agregó sensibilidad política a una discusión que ya era compleja por su impacto deportivo e institucional. Para los críticos, la iniciativa abre la puerta a que activos centrales del fútbol global queden condicionados por intereses privados externos a la estructura tradicional del deporte.
UEFA, Concacaf y AFC reúnen votos suficientes para bloquear el plan
La incorporación de la AFC al rechazo cambia el equilibrio político dentro de FIFA. UEFA cuenta con 55 asociaciones miembro, Concacaf con 41 y la AFC con 47. En conjunto, las tres confederaciones reúnen 143 federaciones, sobre un total de 211 miembros de FIFA.
Ese número supera ampliamente el umbral de una mayoría simple dentro del Congreso de FIFA. Por ese motivo, si las asociaciones acompañan la posición expresada por sus confederaciones, el proyecto quedaría prácticamente sin margen para avanzar en los términos actuales.
La situación deja a Infantino frente a dos alternativas: intentar renegociar el contenido de la propuesta para construir un consenso más amplio o retirar el plan ante el rechazo de una parte mayoritaria del mapa futbolístico.
Por ahora, Conmebol, la Confederación Africana de Fútbol y Oceanía no fijaron una posición pública de igual alcance. Sin embargo, el pronunciamiento de Europa, Norteamérica y Asia ya alcanza para configurar una crisis política de escala global dentro de FIFA.
La amenaza de boicot eleva la tensión mundialista
El punto más sensible sigue siendo la amenaza de UEFA de no participar en competencias organizadas por FIFA mientras la propuesta siga vigente. Europa concentra algunas de las selecciones, ligas y figuras más relevantes del fútbol mundial, por lo que un boicot tendría impacto directo sobre cualquier torneo internacional.
La AFC no fue tan lejos en su comunicado, pero sí advirtió que el debate público sobre un posible boicot al Mundial marca un nivel de deterioro institucional que no debería haberse alcanzado. Esa frase funciona como una presión adicional sobre FIFA para revisar el proyecto.
La crisis también instala una pregunta de fondo sobre el modelo de negocio del fútbol global. FIFA busca aumentar los ingresos comerciales de sus competencias, pero las confederaciones cuestionan que esa expansión implique ceder participación a inversores privados.
FIFA intenta sostener la consulta
FIFA, por su parte, sostiene que continuará con el proceso de consulta para que cada asociación miembro pueda expresar su voto con base en información completa. El organismo busca evitar que el rechazo de las confederaciones derive en una ruptura mayor antes de una decisión formal.
El problema es que la resistencia ya no proviene solo de UEFA, histórico bloque de poder dentro del fútbol mundial. Con Concacaf y la AFC alineadas en el rechazo, la propuesta quedó atrapada en una disputa que combina dinero, gobernanza, calendario internacional y control político de las competencias.
La definición ahora dependerá de si FIFA logra introducir cambios suficientes para desactivar la oposición o si el proyecto queda bloqueado antes de llegar a una votación. En cualquier caso, el episodio dejó expuesta una fractura profunda entre Infantino y una parte clave de las confederaciones que sostienen el fútbol mundial.

