Nacionales
CIERRE DE ELECTROLUX EN ROSARIO Y CRISIS INDUSTRIAL | FRANCISCO «CHUECO» PAZ en #ENSONDEPAZ
Tras más de un siglo de arraigo en el país, el grupo multinacional de origen sueco Electrolux oficializó el cese definitivo de la producción en su histórica planta de Rosario, Santa Fe. La decisión no solo implica el abandono de la fabricación local para sustituirla íntegramente por bienes importados, sino que profundiza el proceso de desindustrialización que golpea a la economía argentina, descargando una vez más el costo de la apertura comercial indiscriminada sobre las espaldas de las y los trabajadores.
La primacía de la rentabilidad sobre la producción local: Respaldada en un discurso corporativo de "optimización de costos globales", la multinacional decidió apagar sus líneas de montaje argentinas para convertirse en una mera estructura de importación y distribución de las marcas Electrolux y Gafa.
El costo social del ajuste: Alrededor de un centenar de operarios se suman al creciente número de familias afectadas por la crisis fabril. Este desenlace es el punto culminante de un deterioro sistemático que incluyó suspensiones rotativas masivas, programas de retiros voluntarios impulsados por la falta de horizontes productivos y la previa caída de proveedores vinculados como Frimetal.
Apertura de importaciones y desplome del mercado interno: La medida corporativa no surge en el vacío; es la consecuencia directa de un modelo económico caracterizado por la retracción del consumo popular, la pérdida de poder adquisitivo de los salarios y la apertura comercial irrestricta. Con una capacidad instalada operando a menos de la mitad, la producción nacional fue relegada en beneficio de la importación de productos terminados. El cierre de la planta de Electrolux en Rosario expone con crudeza los límites y consecuencias sociales de una política de desregulación y libre importación que desprotege a la industria nacional. Mientras las corporaciones multinacionales preservan sus márgenes de ganancia transformando sus filiales en canales comerciales, la clase trabajadora y la matriz productiva argentina quedan convertidas en la principal variable de ajuste, profundizando la precarización, el desempleo y la pérdida de soberanía industrial.
Tras más de un siglo de arraigo en el país, el grupo multinacional de origen sueco Electrolux oficializó el cese definitivo de la producción en su histórica planta de Rosario, Santa Fe. La decisión no solo implica el abandono de la fabricación local para sustituirla íntegramente por bienes importados, sino que profundiza el proceso de desindustrialización que golpea a la economía argentina, descargando una vez más el costo de la apertura comercial indiscriminada sobre las espaldas de las y los trabajadores.
La primacía de la rentabilidad sobre la producción local: Respaldada en un discurso corporativo de "optimización de costos globales", la multinacional decidió apagar sus líneas de montaje argentinas para convertirse en una mera estructura de importación y distribución de las marcas Electrolux y Gafa.
El costo social del ajuste: Alrededor de un centenar de operarios se suman al creciente número de familias afectadas por la crisis fabril. Este desenlace es el punto culminante de un deterioro sistemático que incluyó suspensiones rotativas masivas, programas de retiros voluntarios impulsados por la falta de horizontes productivos y la previa caída de proveedores vinculados como Frimetal.
Apertura de importaciones y desplome del mercado interno: La medida corporativa no surge en el vacío; es la consecuencia directa de un modelo económico caracterizado por la retracción del consumo popular, la pérdida de poder adquisitivo de los salarios y la apertura comercial irrestricta. Con una capacidad instalada operando a menos de la mitad, la producción nacional fue relegada en beneficio de la importación de productos terminados. El cierre de la planta de Electrolux en Rosario expone con crudeza los límites y consecuencias sociales de una política de desregulación y libre importación que desprotege a la industria nacional. Mientras las corporaciones multinacionales preservan sus márgenes de ganancia transformando sus filiales en canales comerciales, la clase trabajadora y la matriz productiva argentina quedan convertidas en la principal variable de ajuste, profundizando la precarización, el desempleo y la pérdida de soberanía industrial.



