Solo siete días después de haber dirigido la definición del Mundial 2026, el esloveno Slavko Vincic anunció que dejaba el arbitraje profesional. La decisión del réferi de 46 años generó una notable coincidencia histórica: tres décadas y media atrás, otro juez había tomado el mismo camino tras pitar una final con la Albiceleste en escena.
## El adiós del árbitro de Maribor
La Federación Eslovena de Fútbol fue la encargada de confirmar la noticia mediante un comunicado que repasó la extensa trayectoria internacional de Vincic. El nacido en Maribor el 25 de noviembre de 1979 se despidió de la actividad en la cúspide de su carrera, luego de que la IFFHS lo distinguiera como el mejor colegiado del certamen planetario y de haber recibido en Italia el Premio Giulio Campanati.
Vincic había debutado en el plano internacional en 2010 y, desde entonces, acumuló experiencia en los torneos más relevantes del orbe. Su currículum incluye la conducción de la final de la Champions League 2024, donde el Real Madrid superó al Borussia Dortmund, además del cierre de la Europa League 2022 entre el Eintracht Frankfurt y los Rangers.
En el certamen estadounidense, canadiense y mexicano de 2026, el esloveno estuvo presente en cuatro ocasiones. Comenzó con el empate entre Brasil y Marruecos, siguió con el triunfo de Argelia sobre Jordania y tuvo una actuación más polémica en los octavos de final, cuando expulsó al ecuatoriano Piero Hincapié en el duelo ante México por un gesto considerado despectivo.
La definición ante España en East Rutherford, con victoria ibérica 1-0 en la prórroga, fue su despedida oficial. Sin embargo, la actuación de Vincic en ese encuentro no estuvo exenta de reproches desde el bando argentino. La expulsión de Enzo Fernández y la distribución asimétrica de las advertencias —cinco amarillas para jugadores albicelestes, ninguna para los españoles— alimentaron las críticas en las redes y en los análisis posteriores.
## El fantasma de Roma 1990
El retiro inmediato de Vincic tras la final trajo a colación una comparación inevitable con Edgardo Codesal, el colegiado uruguayo naturalizado mexicano que dirigió la definición de Italia 1990 entre Argentina y Alemania. Aquella noche en el Olímpico de Roma, el representante de la Concacaf sancionó un penal polémico a favor de los teutones que Rudi Völler convirtió en el gol del título mundial.
Codesal también decidió abandonar la actividad arbitral luego de aquella designación, cerrando una carrera que quedó marcada para siempre por aquella decisión en el área argentina. Con el correr de los años, el propio juez confesó que su deseo íntimo era que la selección sudamericana se consagrara, dado sus vínculos familiares y de amistad con el país.
En declaraciones a ESPN Radio Fórmula, Codesal había revelado que temía ser excluido de la designación por su origen rioplatense. «Pensé que a lo mejor me podían dejar afuera», reconoció, aunque finalmente la FIFA lo eligió por su condición de representante mexicano. A pesar de las agresiones que sufrió durante décadas —incluso a través de llamadas telefónicas—, el exárbitro siempre mantuvo que le hubiera «encantado» ver a la Albiceleste campeona.
La coincidencia entre ambos casos no termina en el retiro postfinal. Tanto Vincic como Codesal fueron cuestionados por su manejo disciplinario en partidos que la Argentina perdió por la mínima diferencia, con decisiones arbitrales que quedaron grabadas en la memoria colectiva del fútbol local.
## Un cierre que divide opiniones
La despedida de Vincic llega en un momento de máxima exposición mediática. Mientras la federación de su país lo celebró como «uno de los mejores árbitros de la historia», en Argentina persisten las reservas sobre su actuación en el cotejo decisivo. La paridad en las advertencias —o su ausencia— y la expulsión del volante de Chelsea son elementos que alimentan el debate en foros y programas deportivos.
El esloveno se suma así a una lista selecta de colegiados que eligieron terminar sus carreras en el escenario más grande del fútbol mundial. Si la decisión fue producto de un plan premeditado o de las presiones derivadas de la polémica final, solo Vincic lo sabe con certeza. Lo concreto es que su silbato ya no sonará más en ninguna cancha profesional.
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