La Federación Italiana de Fútbol puso fin a semanas de incertidumbre y confirmó que Roberto Mancini será quien guíe nuevamente los destinos de la selección nacional. El técnico, que ya había logrado la Eurocopa 2021, regresa con la misión de romper una sequía de tres Mundiales consecutivos sin presencia italiana, una situación inédita para la cuatro veces campeona del planeta.
## El regreso del ídolo y la dupla con Ranieri
Giovanni Malagò, máximo dirigente de la FIGC, fue quien oficializó la noticia este martes junto a otra designación clave: Claudio Ranieri ocupará la dirección deportiva de la institución. El histórico estratega del Leicester City sustituye a Paolo Maldini, quien sorprendentemente abandonó el cargo apenas dieciséis días después de haber sido anunciado.
Malagò no ocultó la urgencia que atravesaba el organismo rector del fútbol transalpino. «El tiempo se estaba acabando», reconoció públicamente, al tiempo que defendió la elección de Mancini enumerando múltiples argumentos a favor. Se estima que ambas figuras —el flamante entrenador y el nuevo director deportivo— brindarán una conferencia de prensa conjunta en las próximas horas para detallar el proyecto que intentará resucitar al gigante europeo.
## Los nombres que quedaron en el camino
Antes de decantarse por la figura que ya conocía, la dirigencia italiana exploró otras alternativas de alto perfil. Tanto Maldini como el propio Malagò mantuvieron contactos exploratorios con Carlo Ancelotti, actualmente al frente de la selección brasileña, y con Pep Guardiola, que en ese momento se encontraba sin vínculo contractual. Ninguna de esas gestiones prosperó, lo que finalmente allanó el regreso del hombre que había llevado a la gloria continental.
La trayectoria reciente de Mancini muestra un declive futbolístico progresivo. Tras fracasar en la clasificación al Mundial de Qatar 2022 —donde Italia cayó estrepitosamente ante Macedonia del Norte en el repechaje—, el técnico emigró a Arabia Saudita. Allí apenas disputó dieciocho encuentros entre eliminatorias y Copa Asiática, con un saldo de siete triunfos, cinco empates y seis derrotas. Posteriormente, continuó su periplo en Al-Sadd de Qatar, donde al menos conquistó el campeonato local en la temporada 2025-26.
## Una crisis histórica que exige respuestas
El panorama que enfrenta Mancini resulta desalentador. Italia no pisa un Mundial desde Brasil 2014, cuando quedó eliminada en la primera ronda. Antes ya había sufrido el mismo destino en Sudáfrica 2010. La sequía se extendió con los fallidos intentos de clasificación para 2018, 2022 y ahora 2026, a pesar de que el formato ampliado a cuarenta y ocho selecciones debería haber facilitado el regreso.
Solo el título continental de Wembley, logrado en penales frente a Inglaterra, interrumpe un panorama de frustraciones acumuladas. Esa euforia, sin embargo, no se tradujo en la ansiada vuelta a la cita orbital del fútbol.
La apuesta de la dirigencia italiana es clara: confiar en quien ya demostró conocer los códigos de la selección, con la esperanza de que la segunda parte de la historia resulte distinta a la primera. El desafío es monumental. El tiempo, escaso.
Redacción SDN

