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Nos volveremos a ver Leo – Por Francisco Paz
Quizás con fecha de finalización uno podría haber vislumbrado que un camino podría empezar con noventa segundos de juego, una roja y una leyenda. Leyenda que se escribió porque tuvieron fe de que fuera un distinto, tan distinto como para armar un partido falopa, para que no se lo robara España. La pucha con el hombre (diría Cuti); España se robó los flashes de la final y le robó el último regalo al papá. Ese que presenció todos los mundiales, menos este. Ganó 1, subcampeonó 2. Permítame lector, la licencia de inventar palabras para un tipo que inventó un juego, dicen de guaraníes, robado por Inglaterra, patentado y regulado. Y este animal, tan humano que asusta, se dedicó a desregularlo, rompiendo caderas y palmas con el mismo ahínco.
No se puede decir adiós a Dios. Dios está en todos lados, pero atiende en la memoria, en la esencia y en la conciencia, con ciencia cierta que acierta mucho menos de lo que erra, pero que intenta tantas veces, que el éxito es tan inevitable como el fracaso.
No, no va a vestir oficialmente la celeste y blanca de nuevo, pero alguna vez más la va a vestir. La 10 lo va a extrañar, no le podemos hacer lo mismo que le hicimos al otro 10. No se puede olvidar que la vida es finita, tan finita como la línea del orsay (si, permítame lector escribirlo en argento), por más tecnología que le metan, el logró romper con un pase filtrado la línea maldita de la bandera izada… Otra vez la ironía, la insignia patria en lo más alto, por orgullo no más, una bandera tan importante como una sábana de hotel que está escrita con mayúsculas y minúsculas mezcladas, como nuestros orígenes, pero más mezclado aún está nuestro destino.
Él se encargo de eso, de llevarla a lo más alto, tan alto, que la soledad molesta y estorba, pero mantiene alerta a la psiquis a sabiendas que el cuerpo ya no responde como antes y empieza a dar señales inequívocas del paso del tiempo. Y no, acá no hay alargue, ni tampoco penales.
Lo cierto es que tu decisión es nuestra decisión, dicen, que no habrá otro como vos, yo creo que si, espero que si, sueño que si, porque si no, no habría más fútbol, y fútbol va a ver, porque el fútbol siempre da revanchas y Argentina necesita una revancha más, siempre una más.
Por eso, chau Leo, hasta la próxima, la última o la revancha o la despedida, te veré vestido de celeste y blanco otra vez. Y será esa la vez definitiva, la que nos permita verte con ojos de leyenda, de historia y de riqueza futbolística en un mundo cada vez más efímero, volveremos Leo, a vernos otra vez, incluso aunque vos no me veas, ni a mi ni a millones de almas que no pudieron verte en vivo, pero mueren por haberlo podido hacer.
Chau Leo, hasta la próxima.-
Y no, no es una despedida


