La presentación de Nicolás Otamendi con la camiseta de River generó expectativas desmedidas desde el primer minuto. El defensor, recién llegado desde el fútbol europeo, vivió una jornada de emociones encontradas que dejó una sensación ambivalente entre los hinchas que colmaron el Monumental.
## Un comienzo para el olvido

El central experimentado cometió una distracción en los instantes iniciales del encuentro que pudo costarle caro al conjunto millonario. Una mala entrega en zona comprometida permitió que el rival generara una situación clara de peligro, obligando a sus compañeros a correr atrás para corregir la situación. El error, visiblemente, le quitó tranquilidad durante los primeros compases del partido.
Pese al traspié inicial, el jugador de 35 años fue encontrando su lugar en la estructura defensiva. Con el correr de los minutos, comenzó a imponer su jerarquía y a organizar la línea de fondo con la autoridad que le otorgan sus años de trayectoria en el Viejo Continente.
## La reacción que estuvo a punto de ser épica
La segunda mitad trajo consigo la oportunidad de redimirse. Tras una jugada elaborada por la banda, Otamendi se elevó en el área rival conectando un cabezazo preciso que rozó el poste derecho del arco defendido. El estadio entero contuvo el aliento durante una fracción de segundo que pareció eterna. La pelota, caprichosa, se negó a entrar por centímetros.
Esa acción aérea demostró las cualidades que el cuerpo técnico espera explotar de aquí en más: dominio del juego de cabeza, timing para los desmarques y presencia intimidante en cada pelota parada. Son atributos que el defensor cultivó durante su extensa carrera en clubes de Portugal, Inglaterra y España.
El cierre del partido lo encontró con mayor soltura, integrado al funcionamiento colectivo y comunicándose con sus compañeros con naturalidad. La dupla que conformó con Paulo Díaz mostró destellos de comprensión, aunque queda trabajo por delante para alcanzar la sintonía deseada.
El entrenador Martín Demichelis valoró posteriormente la entrega del recién incorporado, destacando que estos trámites de adaptación son normales para quienes llegan de otras ligas. El cuerpo técnico confía en que, con la continuidad, el rendimiento irá en ascenso.
Para el defensor, esta primera experiencia en el club de sus amores representa el cierre de un círculo que comenzó en las inferiores. El regreso soñado incluye, inevitablemente, presión y exigencias acordes a la dimensión institucional. La próxima semana ofrecerá una nueva chance de consolidar su lugar en el once titular.
Redacción SDN
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