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HACÉ CRECER TU DINERO | VERÓNICA BONA, ASESORA FINANCIERA en #ENSONDEPAZ
Verónica Bona, asesora en planificación financiera.
Verónica Bona, especialista en planificación financiera y fundadora de Plan V Finanzas, para inaugurar su columna sobre finanzas personales y gestión patrimonial. A lo largo de la entrevista, Verónica expone la función de un asesor financiero, al que compara con un arquitecto que primero diseña un plano a medida antes de elegir los instrumentos de inversión. Explica la importancia de realizar un diagnóstico inicial para identificar hábitos de consumo, controlar los «gastos hormiga» y aplicar reglas de distribución del ingreso, como la regla del 50/30/20. Asimismo, profundiza en la necesidad de armar un fondo de emergencia para cubrir imprevistos sin recurrir al endeudamiento con tarjetas de crédito. En el plano del largo plazo, analiza la fragilidad del sistema previsional estatal y destaca la urgencia, sobre todo para monotributistas y profesionales independientes, de construir planes de retiro complementarios mediante el interés compuesto y herramientas de capitalización con ventajas impositivas y de protección patrimonial.
El asesor como arquitecto del patrimonio
Cuando hablamos de planificación financiera, muchas veces lo primero que se nos viene a la cabeza son inversiones, seguros, bancos o alguien que nos va a decir dónde poner nuestra plata.
Pero la tarea de un asesor en planificación financiera empieza bastante antes.
A mí me gusta explicarlo con una comparación: creo que un asesor en planificación financiera es, de alguna manera, un arquitecto del patrimonio.
Pensemos qué hacemos cuando queremos construir una casa. No salimos primero a comprar ladrillos porque estaban en oferta. Primero pensamos qué queremos construir.
Un arquitecto mira el terreno, conoce nuestras necesidades, sabe cuántas personas van a vivir ahí, qué queremos para esa casa, diseña un proyecto y arma un plano. Y recién después aparecen los materiales.
Con nuestras finanzas pasa exactamente lo mismo.
Antes de hablar de una inversión, un seguro, un instrumento de ahorro o cualquier herramienta financiera, primero tenemos que preguntarnos: ¿Qué quiero construir?
Quizás quiero comprar mi casa. Quiero que mis hijos puedan estudiar. Quiero desarrollar mi empresa. Quiero construir un patrimonio. Quiero viajar. Quiero llegar a determinada edad y poder decidir si sigo trabajando o no. O simplemente quiero tener mayor tranquilidad económica.
Entonces, mi tarea como asesora es primero ayudarte a entender dónde estás hoy, adónde querés llegar y qué plan podemos diseñar para intentar unir esos dos puntos.
Las inversiones, los seguros, el ahorro y las distintas alternativas financieras son herramientas. Podríamos decir que son los materiales de construcción.
Pero antes de elegir los materiales, necesitamos tener un plano.
Las finanzas no son solamente números
Cuando hablamos de dinero, no somos solamente números. Tenemos hábitos, experiencias, miedos, creencias y formas de relacionarnos con la plata.
Además de pensar al asesor como un arquitecto del patrimonio, hay otra comparación que me gusta hacer: salvando las distancias, también tenemos algo de “psicólogos de las finanzas”.
Y aclaro: obviamente no hacemos terapia psicológica. Pero cuando una persona se sienta con nosotros, no hablamos solamente de números. Tenemos que escucharla, hacer preguntas y entender cómo se relaciona con el dinero.
Porque detrás de nuestras decisiones financieras muchas veces hay hábitos, miedos y creencias. Hay personas a las que les cuesta ahorrar, otras que compran por impulso, otras que sienten culpa cuando gastan, y también están quienes dicen: “Cuando gane más voy a empezar a ahorrar”.
Entonces aparecen preguntas que también forman parte de la planificación: ¿por qué gasto de determinada manera? ¿Por qué me cuesta ahorrar? ¿Por qué cada vez que gano un poco más también aumento mis gastos? ¿Por qué postergo pensar en mi futuro?
Porque muchas veces, antes de pensar dónde ahorrar o invertir, primero tenemos que revisar cómo estamos manejando nuestro dinero todos los días.
Y ahí aparece algo muy común: trabajamos, cobramos, llega fin de mes y decimos… “¿En qué se me fue la plata?”
“No sé en qué se me fue la plata”
Y ahí aparece algo que seguramente muchos hemos dicho alguna vez. Trabajamos todo el mes, generamos ingresos, cobramos y llega un momento en el que pensamos: “No sé en qué se me fue la plata”.
Conocemos perfectamente algunos gastos grandes: alquiler, cuota del auto, colegio, servicios… Pero después tenemos muchos pequeños consumos que hacemos prácticamente sin registrarlos.
El café. El delivery. Una aplicación. Una suscripción que quizás ni utilizamos. Compras pequeñas. Son los conocidos gastos hormiga.
Y esto no significa que tengamos que dejar de tomar un café, salir a comer o darnos gustos.
Planificar financieramente no significa dejar de vivir hoy para vivir algún día.
Significa saber qué estamos haciendo con nuestro dinero y decidir conscientemente qué lugar queremos darle a cada cosa.
“A mí nunca me sobra para ahorrar”
Después aparece otra frase muy común: “Yo no ahorro porque nunca me sobra”.
Pero pensemos algo. Si durante todo el mes primero gastamos y al final esperamos a ver cuánto quedó para ahorrar, probablemente muchas veces no quede nada.
Entonces hay un pequeño cambio de concepto que para mí es fundamental: el ahorro no debería ser solamente lo que sobra. Tiene que empezar a ocupar un lugar dentro de nuestra planificación.
La regla 50/30/20
Una herramienta sencilla que nos puede ayudar a visualizar esto es la conocida regla 50/30/20.
No es una fórmula rígida ni significa que todos podamos utilizar exactamente esos porcentajes. Pero como referencia plantea destinar aproximadamente:
50% a necesidades.
30% a deseos o gastos personales.
20% al ahorro y a nuestros objetivos financieros.
Más que quedarme con los porcentajes exactos, me interesa el concepto que hay detrás: separar una parte de nuestros ingresos para nuestros objetivos antes de que todo desaparezca en los gastos cotidianos.
Después cada persona tendrá que adaptarlo a su realidad.
Antes de avanzar: el fondo de emergencia
Y cuando empezamos a ahorrar, hay algo que para mí debería ocupar un lugar muy importante: el fondo de emergencia.
Porque no todo el ahorro tiene que estar destinado a un viaje, un auto, una inversión o al retiro. También necesitamos un respaldo para aquello que no estaba en nuestros planes.
Se rompe el auto. Aparece un gasto importante en nuestra casa. Tenemos una situación familiar inesperada. O nuestros ingresos disminuyen durante un tiempo.
Y esto se vuelve todavía más importante cuando hablamos de profesionales independientes y empresarios, porque muchas veces sus ingresos están directamente relacionados con su actividad.
Entonces hay una pregunta muy sencilla que podemos hacernos: “Si mañana mis ingresos disminuyen o tengo un imprevisto importante, ¿cuánto tiempo puedo sostenerme sin endeudarme?”
Como referencia general, suele pensarse en un fondo capaz de cubrir aproximadamente entre tres y seis meses de gastos esenciales, aunque esto necesariamente tiene que adaptarse a cada persona y a la estabilidad de sus ingresos.
Porque si no tenemos ese respaldo, cada imprevisto puede terminar convirtiéndose en tarjeta de crédito, deuda o en tener que utilizar un dinero que habíamos construido para otro objetivo.
“Pero vivimos en Argentina…”
Y acá seguramente aparece algo que todos escuchamos: “¿Cómo querés que ahorre con la inflación?”, “Con la economía como está es imposible”, o empezamos a responsabilizar al gobierno de turno, al anterior, al dólar, a la inflación…
Por supuesto que la inflación, la economía y las decisiones de los gobiernos afectan nuestro bolsillo. Hay factores externos que son reales y que condicionan nuestras decisiones.
Pero quedarnos solamente ahí tampoco nos ayuda. Porque hay una pregunta que me parece mucho más importante: ¿Qué parte sí depende de mí?
Yo no puedo decidir cuál va a ser la inflación. No puedo controlar el dólar. No puedo saber qué decisiones económicas va a tomar un gobierno.
Pero sí puedo empezar a decidir cuánto gasto, en qué gasto, cuánto puedo separar, qué respaldo quiero construir, qué objetivos tengo y qué estoy haciendo con los ingresos que genero hoy.
Y para mí, ahí empieza verdaderamente la planificación financiera.
La tarea del asesor
Un asesor en planificación financiera no debería empezar por un producto. Primero tiene que empezar por la persona.
Escuchar. Preguntar. Entender.
Conocer dónde está parada hoy. Qué patrimonio tiene. Qué ingresos genera. Qué responsabilidades tiene. Qué quiere conseguir. Qué cosas le preocupan. Qué riesgos podrían impedirle alcanzar esos objetivos.
Y también ayudarla a detectar determinados hábitos que quizás están jugando en contra de lo que quiere conseguir.
Después sí vendrán las herramientas. Puede ser ahorro, inversión, protección, capitalización, retiro o diferentes alternativas según cada situación.
Pero no todas las personas necesitan lo mismo.
Por eso vuelvo a la comparación del principio: primero diseñamos el plano. Después elegimos los materiales.
Y quizás esa sea una de las mejores maneras de explicar qué hace un asesor en planificación financiera: ayudarte a transformar lo que querés para tu futuro en un plan que puedas empezar a construir desde hoy.



