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El crudo testimonio de la hija de un opresor de la dictadura: «No salgan porque está el bulto afuera y si oye voces va a gritar»
Adriana Britos, integrante de Historias Desobedientes e hija de un excomisario del D2 de Córdoba, brindó un crudo testimonio en el marco de la megacausa Gutiérrez Danto. Reveló cómo vivió su infancia en una casa utilizada como base de operaciones del terrorismo de Estado, la quema de libros de guardia confidenciales y cuestionó las maniobras de los represores para eludir la presencialidad en los tribunales.
El avance del juicio por crímenes de lesa humanidad en el marco de la megacausa Gutiérrez Danto sumó un testimonio de alto impacto institucional y humano. Brindó un crudo relato en el programa En Son de Paz, Adriana Britos, integrante del Colectivo Historias Desobedientes (familiares de genocidas que rompen el silencio y militan por la memoria, la verdad y la justicia) e hija de un excomisario e integrante de la patota del Departamento de Informaciones D2 de la Policía de la Provincia de Córdoba.
La infancia en el centro de operaciones del terrorismo de Estado
Durante la entrevista, Britos relató cómo vivió desde su primera infancia y adolescencia el funcionamiento clandestino que operaba en su propio hogar, convertido en una base logística para los allanamientos y secuestros coordinados por la represión ilegal.
Recordó un episodio crucial de 1976 en el que escuchó por primera vez los códigos de la jerga represiva y el encubrimiento de personas cautivas. “Mi papá con la patota estaba en el auto custodiándolo y dijo: ‘Vengo a ver a las chicas’. Le dijo mi mamá: ‘No salgan porque está el bulto afuera y si oye voces va a gritar’. El bulto, en la jerga policial de la época, era un secuestrado», comentó la hija de un genocida.

Adriana Britos es integrante del colectivo Historias Desobedientes (hijos y familiares de genocidas de la última dictadura argentina).
Britos también detalló haber visto cuerpos ocultos en un bote durante sus visitas al chalet de hidráulica (conocido como “el embudo”) en el dique San Roque, utilizado de forma clandestina por el D2.
La toma de conciencia y la destrucción de pruebas
El proceso de ruptura con el mandato familiar comenzó a gestarse al observar las primeras rondas de las Madres de Plaza de Mayo en plena recuperación democrática, frente a la prohibición y el ocultamiento que intentaba imponer su padre. Además, relató el manejo interno de documentación prohibida y libros incautados:
“Me encontré con unos libros grandes de tapas negras, los libros de actas, y al abrirlos ojearlos tenían muchos listados de nombres y un sello grande que abarcaba las dos hojas […] que decía ‘estrictamente privado y confidencial’. Esos libros se incineraban en mi casa como tantas otras cosas.”
Críticas a la virtualidad de los imputados y el pedido de justicia
Al preguntarle a Britos sobre el desarrollo actual del debate oral y la actitud de los acusados (quienes solicitaron no estar presentes físicamente en las audiencias y utilizar plataformas virtuales), ella cuestionó duramente esta estrategia defensiva. “En nuestra opinión deberían estar presentes», sentenció.
Finalmente, destacó la importancia de la organización colectiva para visibilizar la responsabilidad de los perpetradores y acompañar a las víctimas. “Despreciaron totalmente la posibilidad de que una niña de 10 u 11 años se acordara hoy de todo eso y pudiese declarar y decir: ‘Ustedes son culpables’. Hoy estamos con el Colectivo Historias Desobedientes para ayudar precisamente a las víctimas», concluyó.




