Opinión
El legado de Grüntzig y el desafío cardiovascular de San Luis
A 49 años de la primera angioplastia coronaria, recordar su origen también obliga a defender el acceso oportuno a una medicina que salva vidas.
Cada 16 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Cardiología Intervencionista. La fecha recuerda un acontecimiento que cambió para siempre la atención cardiovascular: en 1977, Andreas Grüntzig realizó en Zúrich la primera angioplastia coronaria con balón en un ser humano consciente.
Una idea que abrió un nuevo camino
Grüntzig había nacido en Dresde, Alemania, en 1939. Creció en una Europa marcada por la guerra, estudió medicina en Heidelberg y se formó en epidemiología, angiología y enfermedad vascular. Su innovación no apareció de manera aislada. Fue posible gracias a los avances de Forssmann, Cournand y Richards en el cateterismo cardíaco; de Sones y Judkins en la angiografía coronaria; de Seldinger en el acceso vascular; y de Charles Dotter en el tratamiento de arterias periféricas desde su interior.
También avanzó sobre el enorme aporte de René Favaloro, quien había consolidado el bypass coronario como una cirugía capaz de salvar vidas. Grüntzig no buscó enfrentar esos conocimientos: se preguntó si una obstrucción que podía verse mediante un catéter también podía tratarse por esa misma vía.
Junto con el ingeniero Heinrich Hopff desarrolló un pequeño balón capaz de dilatar una arteria de manera controlada. El 16 de septiembre de 1977 trató una estenosis severa de la arteria descendente anterior. El paciente evitó una cirugía y permaneció libre de angina. Aquel procedimiento inauguró una nueva especialidad.
Complementar y no competir
La angioplastia no reemplazó a la cirugía cardiovascular: amplió las posibilidades terapéuticas. Hoy existen pacientes que se benefician de una intervención percutánea, otros de una cirugía y otros del tratamiento médico. La mejor decisión surge del trabajo conjunto entre cardiólogos clínicos, intervencionistas, cirujanos, especialistas en imágenes, anestesiólogos, técnicos y enfermeros.
Desde aquella primera angioplastia llegaron los stents, la imagen intracoronaria, la medición fisiológica de las lesiones y los tratamientos endovasculares de enfermedades valvulares, aórticas, carotídeas y periféricas. Lo que comenzó con un balón se convirtió en una plataforma capaz de tratar patologías que antes requerían operaciones de gran complejidad o no tenían una respuesta adecuada.
Más de 10.000 procedimientos en San Luis
Ese mismo espíritu guía al Instituto Cardiovascular Cuyo. Bajo mi dirección y gracias al trabajo de todo nuestro equipo, hemos superado los 10.000 procedimientos cardiovasculares entre estudios diagnósticos e intervenciones terapéuticas.
Detrás de ese número hay pacientes que regresaron con sus familias, trabajadores que recuperaron su actividad y adultos mayores que conservaron su autonomía. También hay médicos, licenciados en bioimágenes, técnicos, enfermeros y personal de apoyo que se capacitan y responden cuando cada minuto cuenta.
Para San Luis, disponer de cardiología intervencionista no es un lujo. Es una necesidad sanitaria estratégica. Frente a un infarto, el corazón no espera una autorización, un trámite administrativo ni un traslado a otra provincia. En cardiología, tiempo es músculo; y músculo perdido significa vida y calidad de vida que difícilmente puedan recuperarse.
Un llamado que no puede postergarse
La especialidad atraviesa dificultades concretas: insumos y equipamiento de alto costo, dependencia de dispositivos importados, autorizaciones tardías, pagos diferidos y aranceles que pierden relación con el costo real de sostener una sala disponible las 24 horas. El Colegio Argentino de Cardioangiólogos Intervencionistas ya advirtió que este deterioro puede comprometer la realización de angioplastias y la colocación de stents.
No se trata de defender un interés comercial. Cuando una institución no puede reponer materiales, mantener su tecnología o retener personal especializado, las consecuencias son demoras, derivaciones y oportunidades terapéuticas perdidas. Desfinanciar la atención cardiovascular no ahorra recursos: genera más internaciones, insuficiencia cardíaca, discapacidad y familias afectadas.
Por eso necesitamos un compromiso conjunto del Estado, las obras sociales, el PAMI, las prepagas, los financiadores, las instituciones y los profesionales. Y necesitamos también una sociedad consciente, que cuide sus factores de riesgo, consulte a tiempo y exija que la salud cardiovascular sea una prioridad.
A 49 años de la primera angioplastia, honrar a Andreas Grüntzig significa continuar su visión: poner el conocimiento, la tecnología y el trabajo humano al servicio de la vida. Desde el Instituto Cardiovascular Cuyo reafirmamos nuestro compromiso con San Luis. Pero esta tarea no puede sostenerse en soledad. El corazón de nuestra comunidad necesita que toda la sociedad también decida cuidarlo.
Fuentes de referencia: Naciones Unidas, Frontiers in Cardiovascular Medicine, CACI y Ministerio de Salud de la Nación.



