Opinión
Una reforma constitucional exige algo más que apuro. Por Laura Miranda
Una reforma constitucional no es una ley más. No es un trámite administrativo ni una discusión que pueda resolverse a contrarreloj. Es, ni más ni menos, la posibilidad de modificar las reglas fundamentales que van a regir la vida institucional de la provincia de San Luis durante los próximos años.
Por eso, la declaración de necesidad de una reforma constitucional exige debate, participación y consenso. Y cuando esos tres elementos parecen quedar relegados frente a la urgencia, es legítimo preguntarnos qué calidad de reforma estamos construyendo.
Si en el Senado se desarrollaron distintas instancias de comisión y en la Cámara de Diputados apenas se habilitó una instancia informativa, la pregunta resulta inevitable: ¿dónde está el debate profundo que una decisión de esta trascendencia merece?
Una Constitución no debería reformarse entre cuatro paredes.
Debería construirse escuchando a los municipios, a los gremios, a los sectores productivos, a las instituciones y, fundamentalmente, a los puntanos, que seremos quienes vivamos bajo las reglas que hoy se están discutiendo.
Hoy distintos sectores están reclamando ser escuchados. No deberían ser considerados una molestia ni un obstáculo para el proceso. Por el contrario, sus voces forman parte de una provincia plural y deben tener un lugar en una discusión que nos pertenece a todos como ciudadanos.
Porque discutir una reforma constitucional no es solamente discutir artículos. Es discutir qué San Luis queremos para el futuro. Es definir derechos, instituciones, responsabilidades y reglas que excederán ampliamente a quienes hoy ocupan una banca.
Por eso, el verdadero desafío no debería ser aprobar una reforma rápidamente, sino construir una reforma que pueda sostenerse en el tiempo y que sea reconocida como propia por el conjunto de la sociedad, una reforma que tenga la identidad de los puntanos.
El apuro puede servir para cerrar un expediente. El consenso, en cambio, sirve para construir futuro.
Una reforma constitucional verdaderamente superadora no debería ser la imposición de una mayoría sobre otra, sino el resultado de la capacidad de una sociedad para sentarse a discutir, escuchar y encontrar acuerdos.
San Luis merece ese debate. Los puntanos merecemos ser escuchados.
Porque una reforma de esta importancia no necesita apuro, necesita acuerdos.




