Opinión
Más allá del azar: Por qué la asignación de viviendas y planes sociales debe recuperar la mirada humana – Por Karina Fabi
En los últimos años, la gestión de las políticas públicas orientadas al hábitat y a la asistencia social ha caído en una trampa de apariencia moderna: la automatización y los sorteos masivos. Presentados bajo el discurso de la «imparcialidad» y la «transparencia digital», estos mecanismos impersonales terminan deshumanizando el acceso a derechos fundamentales como la vivienda propia y el respaldo estatal en momentos de vulnerabilidad.
Cuando el destino de una familia depende de un bolillero o de un algoritmo que asigna un puntaje frío desde una oficina, la política pública pierde de vista la realidad del territorio.
El espejismo de los sorteos y la frialdad de las planillas
Asignar una vivienda social a través de un sorteo iguala a quienes están en condiciones profundamente desiguales. No es lo mismo una familia numerosa con niños en situación de hacinamiento crítico, o un hogar a cargo de personas con discapacidad o adultos mayores sin ingresos, que un grupo familiar con otras herramientas de contención.
El azar no discrimina por necesidad; discrimina por suerte. Y el Estado no puede regirse por la suerte cuando se trata de la dignidad humana.
Por otro lado, la excesiva automatización de los trámites sociales genera una barrera burocrática e invisible. Muchas de las familias que más necesitan el acompañamiento del Estado quedan excluidas por falta de conectividad, analfabetismo digital o la imposibilidad de volcar su historia de vida en un formulario estandarizado.
Revalorizar el Trabajo Social: La presencia territorial que falta
Frente a la frialdad de los sorteos y los sistemas automatizados, se vuelve urgente revalorizar el rol de los profesionales del Trabajo Social. Los trabajadores sociales son el nexo vital entre el Estado y las comunidades: son quienes caminan los barrios, conocen la realidad de cada manzana y pueden evaluar, de manera integral y técnica, el impacto real que un programa de vivienda o una ayuda social tendrá en un hogar.
Un informe socioeconómico exhaustivo, elaborado con perspectiva territorial, permite:
* Identificar urgencias reales: Detectar situaciones de violencia, problemas graves de salud, discapacidad o hacinamiento que requieren una respuesta prioritaria e inmediata.
* Evitar el clientelismo y la discrecionalidad: Un criterio técnico y profesional protege la entrega de viviendas e incentivos de las manipulaciones políticas, asegurando que la ayuda llegue a quien verdaderamente la necesita.
* Acompañar el proceso posterior: La entrega de una vivienda no termina con la llave; requiere un seguimiento social para garantizar la integración comunitaria, el pago de cuotas y la sostenibilidad del barrio.
Un cambio de paradigma para San Luis
El objetivo de la asistencia social no debe ser mantener a las familias en una dependencia indefinida con el gobierno, sino brindarles el piso de dignidad necesario para que puedan desarrollarse en libertad y autonomía. Para lograrlo, es imprescindible que la gestión estatal recupere la empatía, el criterio técnico y la presencia en el territorio.
Es momento de abandonar la comodidad de los algoritmos y los bolilleros para volver a mirar a la cara a los vecinos, escuchar sus necesidades reales y construir una política habitacional y social justa, eficiente y profundamente humana.






